UN ENCUENTRO DE CULTURAS
Compilación de relatos de un viaje
Trabajo realizado en la Universidad Nacional de General Sarmiento, en el marco del Espacio de Producción en Comunicación, Instituto del Desarrollo Humano.
Autores: María Ester Méndez, Ricardo Gómez, Hernán Montero, Gisela Ederle, Cintia Ojeda, María Sara Arranz, Sandra López, y Eduardo Villar
Abstract
El presente trabajo trata la experiencia vivida por siete miembros de la universidad en un viaje etnográfico realizado a Villa Río Bermejito, Chaco, en donde se insertaron en los modos de vida de la cultura toba.
Relatos sobre la historia del pueblo qom, sobre la cultura toba actual y las impresiones individuales sobre el encuentro de culturas, es el material que da origen a una serie de reflexiones sobre la interculturalidad, la necesidad de conocer al otro para la construcción de un nosotros, el reconocer y disfrutar la diversidad.
La relación de teoría y práctica como producción de conocimiento, el aprendizaje de la lectura del mundo de los pueblos originarios, la relación del sujeto con el mundo en cuanto a las concepciones del ser y estar en la cultura, el sentir y descubrir lo humano, forman parte de las vivencias recogidas.
La experiencia señala una profunda reflexión sobre el rol del comunicador y la importancia de la interculturalidad en la Argentina actual.
Introducción
Nuestro encuentro con la comunidad Toba se inicia en el año 2006, motivado por la realización de un video documental que nos llevó a viajar a Chaco un año más tarde a Villa Río Bermejito, Chaco, lugar de donde provienen los miembros de la comunidad Qom de Derqui. A partir de ahí mantuvimos una relación muy cercana con Clemente, cacique de la comunidad de Derqui, como también con su familia.
En el mes de abril de 2007, se dictó en la Universidad un curso sobre cultura Qom , a cargo de Clemente López, que suscitó gran interés tanto en el público interno como externo a la UNGS. Desde la Universidad, un grupo de estudiantes se involucraba cada vez con la comunidad toba, lo que derivó en la presentación de un proyecto de Servicios no rentados a terceros, sobre fortalecimiento de la comunicación y fomento de la cultura de la comunidad qom., el cual fue aprobado por la Universidad en el año 2008.
A partir de aquí comenzamos a profundizar en el conocimiento de esta cultura, con el objetivo de recuperar leyendas del pueblo toba, para posteriormente realizar con ese material programas de radio en su lengua y a la vez escribir un libro que relate la experiencia. Esto nos llevó por segunda vez a Villa Río Bermejito, Chaco, en un viaje de tipo etnográfico que realizamos entre estudiantes de la carrera de Comunicación, egresados y docentes de la misma, además de Sandra y Emiliano, hijos del cacique de la comunidad de Derqui, quienes mantienen una fuerte relación con la comunidad toba de Villa Río Bermejito, Chaco.
En estos días, noviembre de 2009 ya tenemos el proyecto prácticamente cerrado, y estamos trabajando en la corrección del libro.
Si pensamos las distintas etapas que recorrimos a lo largo de estos tres años, podríamos decir que al principio sólo nos motivaba saber qué significa vivir en una comunidad toba en Derqui. A medida que nos fuimos insertando en la problemática, y sobre todo después de los viajes que realizamos a Chaco, comenzó a crecer nuestro interés, nuestro compromiso, comenzamos a involucrarnos más profundamente. Hoy, quienes participamos de la experiencia, aseguramos no ser los mismos. El intentar re-construir una cultura a partir de lo vivido al entrar en contacto con esta comunidad, provocó la de-construcción de infinidad de principios, formas de ser y estar en el mundo que nos habían guiado hasta ahora.
El presente trabajo se basa en las vivencias y reflexiones de quienes realizamos el viaje, de quienes tuvimos la oportunidad de compartir unos días con una de las tantas culturas populares que conforman la interculturalidad de la Argentina de hoy. Nos gustaría que a través de estos relatos se respete, se disfrute y se entiendan algunas de las cuestiones que están en la base de este encuentro cultural. No pretendemos hacer una descripción de la cultura toba, porque conocerlos lleva tiempo, son sensaciones difíciles de plasmar en un trabajo escrito. La cultura toba habla a través de los silencios, de sus lugares, de los besos, de las miradas.
Esta experiencia nos demuestra que el conocimiento conceptual y el trabajo de campo son ambos complementarios e imprescindibles a la hora de conocer una cultura. Para conocer la cultura qom, necesitamos poner en práctica muchos de los conocimientos adquiridos en la carrera, como a su vez aprehendimos y reflexionamos sobre infinidad de conceptos teóricos, en la experiencia.
¿Qué es lo que hace interesante conocer otra cultura? En primera instancia creímos que esta experiencia iba a ser muy importante porque nos permitía entender mejor nuestro aquí y ahora, comprendiendo la cultura del Gran Buenos Aires en su origen y complejidad, que implica considerar la problemática de los pueblos originarios como un tema que está inscripto en la base cultural que configura nuestra propia identidad.
Hoy nos damos cuenta que estar en contacto con este pueblo originario nos permitió conocer nuestra verdadera historia, ver la espesura de lo que vemos habitualmente estereotipado, descubrir o ser sensible a lo humano, poder replantearnos nuestra propia visión del mundo. Y también para poder viajar a otra parte, alejarnos de lo cotidiano, de lo rutinario, que implica conocer algo distinto y distante.
¿Qué es lo que hace necesario hacer conocer la propia cultura cuando ella es minoritaria? Pensar la interculturalidad desde la teoría, resulta muy distinto a vivirla desde la práctica y más si tratamos de entenderla desde la visión de quien es poseedor de una cultura minoritaria. Esto nos decía Clemente en la primera entrevista:
“Esto es lo que quiero a veces hacer entender: si nosotros llegamos a un respeto, lo primero que tenemos que hacer las dos culturas, es conocernos bien. Porque si yo no los conozco a ustedes, nunca podemos establecer un respeto. Pero si nos sentamos acá a charlar es donde se pueden descubrir un montón de cosas”.
“En este momento quiero llegar a la integración, pero a la integración verdadera. Si yo me integro, y para eso tengo que dejar de ser toba, no es la verdadera integración. Yo quiero llegar adonde quiero llegar, pero tal cual como soy. Eso es lo quiere llegar mi pueblo hace un montón de años”.
“Y tengo miedo a veces de criticar. No puedo meterme más en la otra cultura porque no es mía. Yo me meto ahí y me voy a equivocar. Esto es lo que nos pasa a nosotros por la mala información que tienen ustedes de mi pueblo. Y esto me da tristeza, lo de la falta de información, porque hoy estamos en el 2006”.
El “Antes”
Representaciones, dudas, miedos frente al viaje
“Nos reuníamos una vez por semana para ir delineando las ideas del proyecto, estudiando, indagando. Nos acompañaron docentes, estudiosos del tema, hicimos role-playing. Organizamos las actividades, lo que debíamos llevar, pero más que nada hablamos sobre las representaciones que cada uno de nosotros tenía sobre los tobas, sobre los pueblos originarios, nuestros a prioris, los estereotipos, las cuestiones que empezaban a movilizarnos en este traslado”.
“Creo que a todos nos invadía la incertidumbre de con qué nos íbamos a encontrar, las imágenes que se veían en los diarios y en la televisión eran crudísimas, la gente que moría desnutrida, las casitas de barro, la vinchuca, el polvo, las yarará, el calor… viajábamos al infierno buscando el paraíso”.
“Vamos con nuestra razón con la idea de pararnos allá, desde otra razón, que es muy distinto a lo sin razón o irracional. Es viajar para tratar de entender sin juzgar, es estar preparado para que se nos caigan ideas construidas a lo largo de nuestra vida, ¿para levantarlas y volverlas a su lugar al regreso?”
“Es volver a este encuentro cultural, difícil, muy difícil, ¿qué hago con mis palabras? ¿Qué hago con mis comentarios cotidianos, con los que me comunico con cualquier persona en Buenos Aires? ¿Cómo me comunico? ¿Cómo hago para adaptarme a sus tiempos? ¿De qué les hablo? ¿Cómo hago para reparar en los temas que a ellos les importan? Miedos, miedos de ir y de irme también”.
“Debo confesar que desde un comienzo, la idea de ir al Chaco me resultaba un tanto incierta, por un lado, esto de que es un lugar lejano; por el otro, de que no sabía con lo que me iba a encontrar, en fin, no me convencía demasiado”.
“¿Qué tienen de especial estos viajes?, pienso que sensibilidad, esa que se pierde, que se borra. Para pensar “lo humano” hay que estar sensible a todo, hay que registrar lo más posible, es registrar como en un rollo de fílmico, en donde se van imprimiendo no sólo las imágenes, sino también las sensaciones, las emociones, las vivencias”.
El Después
Algunos comentarios del regreso
“Estar en Bermejito derriba toda las estructuras que tenemos como occidentales, es como un cachetazo, un sacudón al cuerpo que activa muchas cosas. Es estar en un lugar donde todo el tiempo se recibe información, donde los sentidos no descansan, es estar abierto a los estímulos de una cultura rica, en lo natural, lo social, en el sentido del compartir, del estar hoy aquí resistiendo en el mundo que les toca vivir”.
“En cuanto a la experiencia profesional, me pareció un gran cierre para mi formación universitaria. Después de seis años en que estuve leyendo, estudiando culturas, lenguajes, teorías, pude incursionar en la vida de una cultura diferente”.
“¡Cuántas cosas generan estos viajes! Creo que es imposible de explicar. Una salida etnográfica es esto, es trasladarse a otro lugar, para estar en contacto con una cultura diferente a la nuestra. ¡Qué magia! Pensar en que simplemente un viaje de 18 horas nos separan de tamaña experiencia”.
“Es muy lindo aprender cosas bajo un techo y cuatro paredes, pero salir a campo y tener contacto directo con el objetivo de estudio, eso no es para cualquiera”.
“El contacto con otra cultura de veras, trastoca de una forma muy extraña ciertas convicciones que uno tiene marcadas y refuerza muchas otras”.
“Nosotros no tenemos la única manera de hacer ni de ver la cosas”.
El toba de la modernidad
Las necesidades de la comunidad Toba de Villa Río Bermejito, atraviesan todos los órdenes de la vida, y es esto conocido por todos. Nuestra experiencia allá nos llevó a un constante replanteo de los objetivos de trabajo, análisis y reflexión de la situación dentro del equipo.
Pensamos que el fortalecimiento de su cultura, la posibilidad de mejorar el diálogo intercultural y el conocimiento del otro, está en la base del derecho que el pueblo Toba tiene a la alteridad, al respeto a su identidad, de su organización social, de sus costumbres, lenguas, creencias y tradiciones. Sabemos que por más que exista una constitución que teóricamente ampara los derechos indígenas, es difícil su aplicación por la interferencia de intereses ajenos y contrarios a su cosmovisión. El cotidiano vivir de la comunidad Toba de Bermejito está muy distante de la efectiva garantía de su derecho a la igualdad que implica el derecho a la diferencia.
Algo que caracteriza a los tobas es el poder de resistencia, que les permite aún hoy mantener su identidad a pesar de tantos años de avasallamiento cultural. Y es esto lo que nos lleva a nombrarla de cultura popular, porque aunque haya sido una cultura preexistente a la creación del Estado-Nación, siempre fue una cultura sojuzgada a la hegemónica.
Las comunidades tobas fueron avasalladas culturalmente porque la relación con la otra cultura, con la del blanco, fue siempre de sometimiento. Es avasallamiento porque además de imponerles, forzarlos a que abandonen su cultura, nunca hubo interés en conocerlos.
“Nosotros nos adaptamos, tenemos que saber cuál es su cultura cuando me acerco a ustedes, pero ustedes no hacen nada por entender mi cultura y acercarse a nosotros ¿por qué? Porque no hay interés en comunicarse con los aborígenes. Si me quiero acercar a ustedes hablo el castellano, porque de lo contrario, si no me interesara, les hablaría en mi idioma para que no me entiendan y se rompería la comunicación”. Beatriz, miembro de la comunidad Qom de Bermejito
La comunidad toba tiene interés en conocer, aprender, integrarse a nuestra sociedad, pero se les niega. Perder una cultura, sin poder aprender la otra, la de los blancos, es una práctica que se viene haciendo desde hace años, y en la que se inscribe su aniquilamiento. Se les quita la capacidad de vivir de los frutos de la tierra, y por otro lado no se les brinda apoyo en el acceso a la educación, a entender una campaña de salud, ni tienen acceso al mercado de trabajo.
“Los tobas queremos integrarnos, pero el acceso a la educación se nos hace muy difícil, no podemos acceder a la educación estatal como cualquier ciudadano. La mayoría de los indígenas quedan fuera del sistema, porque conservan su cultura, tanto el niño como la madre y todo su entorno familiar. Por ejemplo con respecto a la lengua, los niños que entran a la escuela no tienen comunicación con el docente blanco, no puede haber educación ni para él ni para nadie. En general repiten de año hasta que a los 15 ó 16 años tienen que dejar la escuela sin haber aprendido nada.
Ellos necesitan clases de apoyo porque sus profesores no entienden que necesitan un extra para comprender las actividades que les encargan en sus estudios. No entienden que la cultura es diferente, la vida es diferente a la de los criollos, la lengua, y que seguro sean los primeros de la familia que llegan a ese nivel de educación”. Julio, miembro de la comunidad Qom”.
“En este momento, el tema de la alimentación es muy difícil para mí, porque la gente tiene ese concepto que le ha traído el consumismo, de que si te mostrás a la sociedad comiendo pescado y tomando agua, ya no sos parte de la sociedad. Entonces aquel que quiere ser parte de la sociedad tiene que estar con una Coca Cola. La gente en este momento está alimentándose con productos que se instalan desde las mismas políticas sociales; porque el asistencialismo de la caja alimentaria trae todos alimentos enlatados y envasados y entonces la gente dejó de lado las cuestiones de la pesca, del pescado que lo pescaba así, de la fruta del monte y todo eso. La alimentación como la medicina occidental son nuevas y uno no sabe cómo se usa eso”. Luciano, miembro de la comunidad Qom
Hace más de 500 años que se les impone a los pueblos originarios abandonar su cultura, que conlleva a la idea de no ser o desaparecer.
Los medios para lograr este fin fueron varios: desde la evangelización, pasando por la esclavización, la deshumanización, la destrucción de su hábitat, la obligatoriedad de abandonar su tierra, los grandes éxodos; la desintegración de las familias, y de las comunidades. El engaño, el abuso. ¿Podemos pensar que la cultura qom de hoy no está atravesada por la historia? ¿Podemos pensar que en la Argentina se respetan los derechos de estas comunidades desde la alteridad?
Todo lo que vive y vivió el pueblo Qom conforma la cultura toba de hoy y se hace necesario pensar en la manera en que se los construyó o representó socialmente a los pueblos originarios a lo largo de esta historia en la que vivimos juntos.
Como tan bien describe Cintia Ojeda, integrante de nuestro equipo de trabajo, “Es común leer en algún manual o libro de historia que los aborígenes son señalados como los salvajes, los incivilizados, culpados de actos de cuatrerismo, de hurtos. El malón encarna todo lo negativo, sin tener en cuenta que los pueblos originarios han sido los usurpados. Esta visión reduccionista tilda al indígena de poco productivo, de violento. El Gran Chaco era la conjunción de la impenetrabilidad, la barbarie, por un lado como un atributo natural y por el otro como un obstáculo hacia la civilización”
Ver y vivir con ellos el despojo en el que se encuentran hoy, muestra cómo el resistir a la invasión de una cultura dominante, mantener la propia cosmovisión, conlleva un altísimo costo.
¿Qué esperamos encontrar cuando vamos a conocer la cultura toba, aquella que se vive en el Impenetrable chaqueño? Tal vez en un primer momento imaginemos algo similar a lo que aprendimos de los manuales escolares; gente con taparrabos, los varones con arco y flecha preparándose para cazar en el monte, las mujeres cocinando en ollas al aire libre con fuego a leña o tejiendo telar, los niños jugando. Y la escena se puede completar con las casitas de adobe con techo de paja. Tratemos de insertar en esta imagen, una mujer que mientras teje habla por celular, uno de los jóvenes al lado de un pasacassette practica pasos de hip hop con unas zapatillas como las que usamos acá, mientras los varones adultos organizan una sentada frente a la Municipalidad. ¿Pensaríamos que ya ningún toba respeta su cultura?
En el Impenetrable no hay luz, ni agua, y menos teléfonos. La escuela, la salita está a varios kilómetros de donde vive la gente. Los separa un río que en general se cruza en canoas, porque hay un solo puente muy lejos del pueblo. No hay transporte público. Hay que pedir en la Municipalidad que se entregue la ayuda que se envía de Nación, que se les provea agua no contaminada. La ropa que usan les llega a través de cajas y bolsones producto de campañas solidarias que se organizan en distintos lugares del país.
Hay un discurso bastante escuchado en todos los ámbitos que dice “es que los indios ahora se quieren modernizar, ¿por que no se quedan en el monte viviendo como siempre y no nos molestan más?” Después de conocer esta realidad, ¿podemos seguir pensando que usan celulares, que se ponen las “llantas”, que peticionan a las autoridades porque se quieren modernizar abandonando su cultura, o porque no pueden elegir? ¿Podremos pensar alguna vez que fuimos los artífices de la invasión cultural?
Ninguna sociedad es estática, siempre hay cambios sociales, culturales, que la van transformando. Pretender encontrarnos en el 2009 con la imagen de los tobas del siglo pasado respondería a pensar esta cultura como una cultura anquilosada, como una pieza de museo, guardada con naftalina, presente para que todo el que la quiera ver la vea, pero que está muerta.
Aún hoy el pueblo toba de Bermejito vive con orgullo el conservar sus costumbres, el poseer una cultura que les es propia. Ese sentido de pertenencia es lo que los guía en la vida, lo que les permite seguir viviendo, seguir luchando, seguir trasmitiendo sus valores a las nuevas generaciones.
¿Romanticismo, pobreza?
Para referirnos a este tema, primero se hace necesario tratar de explicar nuestra visita a la chacra que tienen en el Paraje Nueva Población, a unos 12 Km. de Villa Río Bermejito, Angelino y Andrea Medrano. Ellos son suegros de Clemente López, cacique de la comunidad toba de Derqui y abuelos de Sandra y Emiliano, compañeros nuestros en el viaje a Chaco.
Haciendo un paneo general, en primer lugar está el templo, que es una construcción bastante grande de ladrillos, en donde Don Angelino celebra misas los domingos para la gente de Nueva Población. Un tinglado sin paredes, muy grande también, que instaló el gobierno como sistema de recolección de agua de lluvia, dado que las napas subterráneas son de agua salada. Una casita de material que es para los huéspedes, varias casitas de adobe, un tinglado de paja donde se guardan herramientas, una zona sembrada, otras de monte. Algunos ya conocíamos el lugar, habíamos estado un año antes por la realización del documental.
Ésta vez íbamos con la idea de buscar relatos, leyendas de la cultura toba, a hacer un registro fotográfico y a firmar el Convenio entre la Asociación Nueva Población que preside Angelino y nuestra Universidad.
Había mucha gente en el lugar, era domingo, día en que se congregan los cincuenta chacareros que conforman la Asociación, primero para compartir la misa y después para conversar sobre los problemas de la comunidad.
Una vez terminado el acto religioso, las mujeres comenzaron a preparar la comida, y los varones se reunieron bajo el tinglado. Aunque estaban sentados en círculo, se destacaba la presencia de Don Angelino. Él hablaba en Qom, y de sus palabras, las únicas que se entendían por estar en nuestro idioma eran Asociación, Juzgado, Leyes, Gobernador, balance; todas palabras que no corresponden a su cultura pero que se han visto forzados a incorporar por decreto de esta cultura que los invadió y los sojuzgó. Sin entender su lengua, percibimos que los allí reunidos armaban muy bien sus discursos, exponían con mucha tranquilidad y respeto hacia los demás miembros. De acuerdo a lo que nos traducían entendíamos que planteaban las problemáticas que sufren todos los días, buscando la solución. Uno de los temas era la manera en que iban a compartir entre todos el agua del molino que había conseguido Clemente. Un molino para 50 chacras de 50 hectáreas cada una. ¿Será que no cosechan porque son unos vagos o porque sin agua las plantas no crecen?
Nueva Población es el resultado de una de las transformaciones que debió aceptar el pueblo qom. Éstas cincuenta familias, que antiguamente hubieran formado una comunidad bajo los estatutos que tiene su cultura, ahora se tuvieron que unir y formar una Asociación bajo las normativas que exige el Estado, con balances actualizados, la constitución de comisión directiva, secretarios, etc. lo cual nada tiene que ver con su forma de vivir en comunidad. La alternativa de constituirse como Asociación para ellos podía resultar interesante, dado que es la única manera de existir y tener presencia ante las autoridades. Es más, la Universidad nos exigía que conformaran una Organización las personas de Bermejito con las que íbamos a trabajar.
Otro de los temas planteados es la necesidad de tener un tractor compartido, lo cual facilitaría la tarea del arado de la tierra. Si bien existe la posibilidad de solicitar un tractor al Estado para los momentos de siembra, ésta se diluye por el hecho que para conseguir este beneficio es necesario presentar el balance de la Asociación actualizado y ellos no cuentan con el dinero para pagar los honorarios del contador.
“Las diferentes denuncias con las que nos encontramos, nos ha cambiado bastante lo que pensábamos previamente, por lo menos para mi así fue. Creo que hubo un antes y un después. Me parece la situación en las que están viviendo es de supervivencia pura, si bien están aclimatados y acostumbrados, y esto es para mi lo malo, no podemos hacer “la vista gorda” y mirar para otro lado. No podemos pensar en rescatar leyendas sabiendo que esas personas sufren discriminación, abandono y falta de atención a sus necesidades más básicas”. Ricardo, estudiante UNGS
En la chacra se viven sentimientos encontrados; por un lado pudimos escuchar y vivir los reclamos, las necesidades que tiene la comunidad, que son muchas y tremendas, como a la vez compartir un día con una gran familia poseedora de la cultura que fuimos a buscar. Una cultura muy rica en contenidos, en sentimientos, en historias.
“Es como mágico. Es el opuesto a todo lo que vivo, es la vida despojada de toda estupidez, es desestructurarse. Es romper con todo, hasta con las cosas que uno tiene aprendidas y no se da cuenta. La idea de familia, de ser madre, la contención, ahí sí existe. Los nietos que cuida la abuela, y que en ese mundo tan alejado del consumo, se sienten bien”
Las imágenes de la chacra que habíamos tomado un año antes, habían sido las mejores del documental, con las que hicimos la introducción al mundo qom, las que gustaron a todos, las que hablaban de la belleza de un mundo distinto. Era lo que queríamos mostrar y lo habíamos logrado.
Ésta vez sacamos fotos. Un registro fotográfico tal vez habla de algo más objetivo.
“A todo el que le mostré las fotos de la chacra me dijo “¡qué pobreza!”. No me gusta ese comentario, no lo acepto. ¿Es que no la quiero ver?, ¿es que hay mucho más que pobreza?, ¿es que si pensamos sólo en que hay pobreza, no podemos ver ninguna otra cosa, que todo se termina en ese comentario? No me aporta ni puedo aportar, es cerrado”.

Por si no se ve bien, hay unas camas en el fondo, abajo unas gallinas, cosas colgando de las ramas de los árboles, el telar, etc. Ahí duermen en la chacra. Recordemos que las temperaturas de Bermejito, se pueden acercar a los 45 grados.
“¿Lo llamamos pobreza, romanticismo, hipismo, comodidad, feo, lindo, incivilizados? ¿no soñamos todos con dormirnos bajo las estrellas?”¿Qué encuadre teórico le puedo buscar para comprender, entender, entenderme? María Sara, egresada UNGS
Después de varios meses del viaje, en una de las reuniones que mantuvimos con Sandra para la escritura del libro, decidimos preguntarle si consideraba que sus abuelos eran pobres. Su respuesta fue categórica: “Noooo… mis abuelos no son pobres”. Ésta respuesta fue la clave para al menos poder empezar a discriminar las distintas cuestiones que están dentro del término “pobreza” que nos permite seguir indagando la situación.
¿A qué llamamos habitualmente pobreza? ¿A la no posesión de determinados bienes? ¿a la falta de interés en progresar económicamente, como sinónimo de acumulación de capital? ¿Cuáles son sus Necesidades Básicas Insatisfechas?, ¿Son las mismas que las nuestras? Éstos son todos conceptos que en nuestra cultura se entienden como pobreza y que distan mucho de las ideas que rigen a la comunidad qom en general. Ellos mantienen una economía de subsistencia, donde deben conseguir el sustento mínimo para poder alimentar a su familia y sobre todo a los niños. La idea de trabajar para tener más dinero, no figura en sus principios. Ellos ocupan su tiempo en lo que consideran importante, como por ejemplo enseñar a sus hijos el arte de la marisca -conseguir los alimentos en la naturaleza- a reforzar los lazos sociales dentro de la comunidad, a transmitir los valores que encierra su cultura.
Y en estas cosas es que descubrimos que la familia Medrano no es pobre:
Andrea, la abuela de Sandra, es la encargada de atender todos los partos de la comunidad, se le tiene más respeto a ella que a los médicos de la salita. Además se encarga de educar a todos los nietos que las madres no se sienten en condiciones de hacerlo.
Audelino es presidente de una Asociación Civil que lucha por los derechos de su pueblo; es la guía espiritual de los miembros de la Asociación; consigue que le instalen distintos sistemas de recolección de agua; tiene el don de la palabra, entiende y habla las dos lenguas. Tanto él como toda su familia son respetadas en la zona. Logra que una Universidad del Gran Buenos Aires decida fortalecer su cultura y apoyarlo dentro de las posibilidades que tiene a su alcance.
También podemos hablar sobre Jorge, hijo de ambos, al cual visitamos en su casa del otro lado del río, que vive sin luz, ni agua, en una construcción de barro y paja cuidando sus animales, buscando miel en el monte, recibiéndonos con gusto y mostrándonos ése, su lugar, con tanto orgullo. Jorge tiene el orgullo de ser toba y además de pertenecer a la familia Medrano. Y ese orgullo, es lo que los lleva a acercarse a nuestra cultura tal cual son, sin sentir la necesidad de poseer determinados objetos para sentirse aceptados dentro de la sociedad de los blancos.
Y estas situaciones distan mucho de lo que vemos en televisión, los tobas que se mueren desnutridos, enfermos, picados por la vinchuca, aquellos que cumplen con el exterminio. No todos los tobas de Chaco viven de la misma manera, aunque el modo de vida suene en principio parecido, existen muy distintas situaciones.
Y acá nos empezamos a acercar al paradigma del Desarrollo Humano, que orienta o debería orientar nuestra postura como estudiantes de la UNGS. El sentido de pertenencia, la capacidad de organizarse, el ser referente de una comunidad, el querer luchar por sus derechos, el preocuparse por la alimentación de sus hijos y de su comunidad, como también por la educación, son competencias que les juegan a favor a la hora de pensar en un desarrollo humano.
A este tema lo comenzamos a desarrollar hace poco tiempo, y seguimos trabajando en esto porque pensamos que puede ser interesante en el desarrollo de futuras políticas públicas.
Disfrutar y Sufrir la otredad
Tres casos diferentes de sentirse el otro
En muchos momentos del viaje la situación nos superó, era mucho más de lo que imaginábamos. Las emociones nos traspasaron, podemos estar acostumbrados a soportar vivencias fuertes pero hasta un punto, y a partir de ahí ya no das más, uno queda extenuado. Que ellos nos quieran homenajear así… No sé si ellos comen así todos los días, no sé si quisieron mostrarnos que tienen costumbres como nosotros.
“¡Qué difícil la alteridad, la diversidad, la otredad cuando la tengo frente mío! Cuando estar en presencia del otro me dificulta la comunicación, la expresión, el conocer, el aprender. En la chacra éramos nosotros la minoría, se habían invertido los roles, tal vez estábamos sintiendo lo que ellos viven a diario en su relación con nosotros, los doqshe (hombre blanco en su lengua). Entablar una comunicación, una charla fluida, el acercarse a otro, el compartir un momento, así sea un mate, se torna muy difícil.
Sí, la diversidad en muchos momentos se disfruta, y en muchos se sufre. Por ejemplo cuando nos llaman de doqshe, que para una lengua signifiquemos el otro gringo, con todas las connotaciones negativas que sabemos tiene el término para ellos. Porque aunque nos sintamos aceptados por ellos, somos distintos y entramos en la categoría del otro. Me siento totalmente discriminada cuando me llaman doqshe”
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“Nos invitaron a buscar miel de abeja, para que conozcamos lo que era mariscar, parte importante de su cultura. Nos internamos en la espesura del monte, en ese lugar… ¿podremos llamarlo infinito? Digo como sinónimo de inconmensurable. Qué te puedo decir… en ese momento una ya está entregada totalmente a la sabiduría toba; la sabiduría nuestra no cubre ninguno de los inconvenientes que se puedan presentar allí. Hay que depositar toda la confianza en ellos y estar totalmente convencido de que vamos a estar bien. Desde la mejor manera de sobrellevar el calor, encontrar el mejor camino para llegar a los panales, el cuidado de las víboras, hasta cómo hacer para que no nos piquen las abejas, todo corre por cuenta de nuestros acompañantes. Y es en situaciones así, cuando los roles se invierten, que la experiencia es única; es donde verdaderamente ellos tienen el poder de la situación, son los que saben. Incluso van hablando en qom aunque sepan castellano, será porque ese es su mundo y su mundo se dice en qom”.
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“Sandra, hija de Clemente, estudia Trabajo Social en la Universidad Nacional de Luján. Quiere tener un título para volver a Chaco, a trabajar para su comunidad, pero siendo profesional. Una tarde me comentaba que ésta situación le produce cierta incertidumbre, sobre cómo va a ser recibida por sus hermanos. La comunidad toba de Bermejito está acostumbrada a que cuando va un Asistente Social, una maestra, un médico, siempre es “el otro”; gringo, criollo ó blanco. Alguien que les va a decir como tienen que comer, como tienen que vivir, como se tienen que curar sin importarle como es su cultura, sus costumbres; o sea sin preguntar cómo lo hacen ellos. Error profesional muy generalizado, el creer que porque se fue a la Universidad, se tiene el derecho de imponer sus saberes sin antes preguntar qué es lo que necesitan. Error que muchas veces va de la mano con pensar ¿qué están esperando para adaptarse a nosotros?, ¿por qué no deciden sincretizarse definitivamente a nuestra única cultura? Si bien puede ser un gran error, ¿cómo me corro de mi cultura etnocéntrica?
Los doqshe no debemos poner en discusión permanentemente si nuestros valores, costumbres, dioses ó maneras de alimentarnos son los correctos o están equivocados. No hay otro que nos interpele continuamente. A ellos sí. ¿Persuasión, imposición, difusión? Todo lleva a querer cambiar la postura del otro. Imaginemos a Sandra en Bermejito, tratando de aplicar una política pública que se contradice con sus más ancestrales valores, ¿no sería ella misma ese “otro”, paracaidista, que trata de imponerse?”
La distancia con el otro
A todos lados nos lleva Juancito, un criollo que tiene una Ford F100, que conoce todos los lugares y a todas las personas. Un trabajador de aquellos: tiene remise, la camioneta, taller mecánico y fábrica de ladrillos. Estimo que busca diferenciarse de los aborígenes del lugar mostrando que él trabaja; porque el acervo popular indica que los tobas son vagos. Necesita diferenciarse porque es muy igual. Por ejemplo, nos comentaba que él se cura en general con medicinas naturales, yuyos, como toda la gente de ahí. Muy de vez en cuando va al Hospital. Otra costumbre que tiene es irse a pescar al monte para desenchufarse de todo, ¡como los tobas! Y lo que veo en Juancito, a quien aprecio mucho, creo que es lo que nos pasa a la mayoría de los argentinos en nuestro contacto con “el otro”. ¿De qué manera me afecta o me toca la otredad, en relación a la distancia que guardo con él?
Es fácil para nosotros pensar en la diversidad, en aceptarla, desde acá, viviendo a 1600 Km. de distancia de este pueblo. Si no mantengo ningún tipo de contacto con ellos, los acepto, hasta me gusta que existan en un pensamiento casi romántico, un gusto por lo exótico. El toba allá, lejos, con sus costumbres, con su cultura, y que siga allá, todo bien. Pero ¿qué pasa cuando lo tengo al lado, cuando convivo con él por ejemplo en este Gran Buenos Aires?, ¿seguiré con mi pensamiento romántico, o representará a aquel que hasta los medios se encargan de decir que son peligrosos?
Desde los rasgos físicos, hasta la marginalidad con la que cargan por el hecho de no poder acceder a la educación, a nuestra cultura, por tener que migrar de su lugar sin opción, por no ver un futuro, todo lleva a que tal vez me empiece a molestar. Algunos serán tobas, otros wichís, aymarás, o guaraníes. Pero ¿qué pensamos si la maestra de nuestros hijos no puede “avanzar” con los contenidos curriculares debido a que hay uno o varios chicos que les cuesta entender nuestro idioma? ¿Qué pensamos si diseñamos una campaña de salud y los receptores no la entienden? ¿Qué pensamos de aquellos que no comprenden el significado de trabajar todo el día para otro? ¿Qué pensamos de aquellos que se pueden llegar a violentar porque no se respetan sus derechos? ¿De aquellos que no saben dónde ir porque nada les indica un futuro? ¿Buscamos acercarnos o ignorarlos? ¿Buscamos identificarnos o diferenciarnos?
¿Quién soy?, ¿Quién sos?
Dos reflexiones ya de regreso
Pensando en la manera de acercarnos a otra persona, para nosotros casi todo pasa por el diálogo, por lo que digo, todo se verbaliza. Para ellos no. Tomando distancia, podría decir que estamos acostumbrados a acercarnos a otra persona, interpelándola, preguntando quien sos, qué hacés, instalando un tema de conversación, comentando los temas que se hablan en los medios. Ellos no.
En las reuniones de capacitación que realizamos antes del viaje, habíamos hecho un ejercicio en donde tratamos de actuar o representar las distintas situaciones que se nos podían presentar. Ejercicio que fue muy bueno, muy auto reflexivo, pero también insuficiente. En ese contexto parece que todo resultara poco. Igual es interesante y propongo al lector que trate de acercarse a alguien, de conocerlo, sin preguntarle “qué hacés” o “a qué te dedicás”. Para nosotros esto define a una persona, su trabajo, su profesión, su ocupación. Y ésa es una pregunta que carece totalmente de sentido para la comunidad de Bermejito. No porque no hagan nada, sino porque viven de otra manera. Como escribí el último día, el estar en el mundo Qom, no significa estar adormecido. Los tobas VIVEN, y en serio. Y viven no por el trabajo que hacen, sino por lo que son, por sus problemáticas, en defensa de su cosmovisión de la vida, por la comunidad, por mantener su cultura, por la gente, por la Madre Tierra, por sus hijos que son hijos de todos, por los abuelos que son abuelos de todos. Por sobrevivir, por ser. Tal vez vivan por resistir, tal vez sea ésa su fortaleza. Lejos de estar adormecidos, saben muy bien por qué viven y como quieren vivir. Pero a esto lo voy aprendiendo de a poco, es difícil de entender.
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¿Quiénes somos nosotros? ¿Quién soy yo? ¿A dónde pertenezco? Son preguntas que pueden llevarme un largo tiempo para encontrar la respuesta. Pero en este traslado, el Ser acá se alimenta del Estar allá y va buscando una identidad. En el marco del ciudadano argentino, occidental, capitalista, católico cristiano. ¿Qué lugar ocupan Clemente, su familia, la comunidad toba de Bermejito o los pueblos originarios? Creo yo ninguno, o mejor dicho el lugar que les queda, hacia donde fueron llevados es, el de los dominados, sometidos, discriminados, desarraigados. Teniendo que adaptarse sin más remedio a este Estado Nación Argentino, que mientras exige al maestro qom la enseñanza de una materia llamada ética y ciudadanía, por otro lado este mismo Estado le vende al pueblo qom agua que no es potable. Un Estado y una cultura que en todas sus formas es genocida con los originarios; que propaga campañas de salud con hermosos carteles escritos en castellano en un lugar como Bermejito donde gran parte de la población habla y lee el idioma qom solamente. Un estado y una cultura que cobija a un intendente que odia al pueblo qom. Esto solo se puede entender estando cerca, (sigue funcionando la idea del desplazamiento). Pensar esto desde Buenos Aires no tiene sentido, obtendríamos una idea centralizada, una mirada que explora de forma superficial. Por esto cuando decidimos hacer el documental, enseguida surgió la idea de viajar al Chaco. Es entender que hoy aquí YO en mi cultura occidental, capitalista, cristiana no puedo llamarme LIBRE porque estoy condicionado, formado, guiado por un montón de reglas y estructuras que me son impuestas y hacen de mí. Entonces quizás acercarme a esta otra cultura forme parte de mi resistencia. Porque resisto de los medios de comunicación que mienten mostrando un Chaco donde los Tobas mueren desnutridos, cuando en realidad detrás de esa panfletaria noticia hay todo un pueblo Qom lleno de dignidad, de vida y de lucha. Imaginen toda una vida en donde las palabras que rodean a su entorno estén llenas de prejuicio, de desprecio, de discriminación.
Como ahora en este momento exacto, escribiendo las vivencias de un viaje… en donde a esta altura todo se mezcla, acá en mí casa, en mi barrio, en el Gran Buenos Aires y que todo el tiempo me aparecen referencias o se me acercan situaciones que tienen que ver con esta relación que entablé con la cultura Qom. Esto me hace pensar, si uno despega del todo de los lugares que recorre o visita. A mí me está pasando que no, me queda algo dando vueltas por ahí que se conecta con el haber estado allá y mi lugar acá. Entonces este Ser acá se llena, se renueva, se sensibiliza, se acerca a esa otra cultura. Pero también me acerca a lo que me rodea, a mi cultura, otra vez… a mí Ser acá.
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El quiebre
“¡Qué difícil es trabajar con la cultura!, ¿cómo se miden los resultados?, ¿la cultura será un pasatiempo? ¿Cómo me convenzo todos los días, que dentro de todas sus problemáticas, la pérdida de la identidad es un tema relevante? ¡Con lo que necesitan el agua, la comida, la ropa, el tractor!
Ya a esta altura, la recopilación de leyendas ancestrales había caducado; estábamos convencidos que en ese mundo, ir a buscar la leyenda del zorzal era una liviandad. El día que fuimos a la chacra decidimos en el equipo de trabajo que no nos importaba cumplir con la función encomendada, que íbamos a tratar de registrar TODO sin saber concretamente en qué formato iba a encajar después. Creo que lo que se vive así con fuerza, que moviliza, siempre sirve. Tener la posibilidad de vivir cinco días con gente toba no es chiste, y tal vez nuestra experiencia pueda ser interesante para otra gente. Para los estudiantes de comunicación seguro y para los docentes también. VIVIR las diferencias, vivirlas al punto de terminar replanteándose muchos de los esquemas culturales con los que convivimos hasta ahora, es muy fuerte”.
Hoy sentimos que la realidad nos superó, al punto en que todos minimizamos el hecho de rescatar leyendas ancestrales, pero fue por no prestar atención suficiente a todo lo que implica una cultura, sino sólo a la parte que a nosotros nos interesaba o nos golpeó mas.
Vamos a contar una de las leyendas, uso o costumbre de la comunidad qom sobre un pajarito que no recordamos el nombre: cuando construyen una casa, entierran en la puerta de entrada un pajarito determinado. Esto implica, según sus creencias que todo el que pasa la puerta, por más enojado que se vaya, va a volver. Y así es su actitud, se quedan esperando a que la persona siempre vuelva, en lo que se inscribe falta de rencor por parte de los dueños de casa, o una gran tranquilidad en esperar el arrepentimiento del visitante.
Ésta simple creencia encierra una belleza, que es la belleza que atraviesa a toda la cultura qom. Belleza como sinónimo de armonía, de coherencia entre el “ser” y el “hacer”. Belleza que fue lo que nos atrajo a esta gente, pero que nos costó ver dentro de la indigencia u olvido en el que viven. Y este quiebre que tuvimos durante el viaje, es el resultado de no poder abarcar en cinco días toda una cultura, tal vez hable de un trabajo insuficiente, tal vez sea lo que nos lleve a sentir la necesidad de seguir conociéndolos.
Noviembre, 2009
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